Las manualidades como psicoterapia

Hace poco, unos problemas personales me llevaron a acudir a Benviure, un centro médico de Barcelona agradable para el paciente por su servicio médico y humano, a la vez que profesional. Me decidí a ir a esta clínica por su ausencia de listas de espera que tanto vemos en los centros médicos del sistema público de salud. Quizás mi problema no fuese el más urgente del mundo para alguien que lo viese desde un punto objetivo, pero a mí me estaba matando por dentro y quería darle la mayor prioridad posible.

El caso es que me encontraba muy triste, no sabía qué me pasaba pero me tenía un bajón de ánimo que tanto mi entorno como yo notábamos que cada día estaba yendo a peor. Por este motivo me puse en contacto con el departamento de psicología y psicoterapia de este centro de médico de Barcelona para solucionar este altibajo que había provocado en mí una pérdida de energía y motivación.

Lo más llamativo de todo fue cómo se produjo la terapia que me ayudó a evolucionar favorablemente y por la que estaré eternamente agradecida a este centro tan profesional. Sanitarios muy humanos me ayudaron a volver a creer a mí, a recuperar la ilusión y a fomentar el cariño por mí misma. Al poco tiempo de acudir allí a las sesiones de terapia, me vi con fuerza para apuntarme a clases de diferentes actividades y hacer amigos.

tejer

Imagen de una de mis primeras manualidades con lana.

Fue entonces cuando descubrí que las manualidades pueden ser una perfecta terapia para aquellos que hemos perdido las ganas de vivir. En mi caso me fui con una amiga a clases de punto. No sé exactamente por qué, pero tenía claro que me apetecía tejer. Y nunca había tenido una idea mejor. Aquello casi se puede decir que me ha cambiado la vida. Comencé a tejer sin parar. Lo bueno es que mientras sumaba puntos y puntos y memorizaba cómo tenía que hacer este o aquel, no pensaba en otra cosa. Me sirvió para relajarme, para olvidarme de todas aquellas cosas que llevaban tiempo provocándome una ansiedad de caballo que me hacía vivir sufriendo.

Lo mejor de todo llegó casi cuando empezaba a tejer cosas algo más complicadas y me sentía realizada. Ver la cara de mi mejor amiga al entregarle los primeros patucos y un diminuto jersey que había confeccionado para su recién nacido fue un subidón de alegría que hacía tiempo que no experimentaba. Casi se puede decir que me vine arriba y comencé a hacer muchas más cosas para los bebés de los amigos, desde mantitas para que llevasen en sus coches de paseo durante el inverno hasta gorritos de lana con lacitos y pompones. Todos ellos estaban encantados de recibir regalos personalizados y la verdad es que siempre me hablaban del mucho talento que tenía. Les gustaban mis diseños y sabían que nadie tenía otro igual.

No sé cómo lo hice pero me dejé llevar por todo lo que me decían y por lo mucho que me gustaba lo que estaba haciendo. Tanto que acabé por negociar con mi empresa una salida pactada y entre eso y los ahorros que guardaba en el banco me eché a la piscina y abrí mi propia tienda de ropa para bebés hecha totalmente a mano.

La verdad es que la vida me ha dado un millón de vueltas y ahora me siento más feliz que nunca. La tienda funciona estupendamente y encontré en las manualidades una gran terapia para recuperar las ganas de vivir y la ilusión por la vida. Hasta entonces una de las cosas que más me martirizaba era mi trabajo de oficinista, donde para nada me sentía realizada, y aquí voy todos los días con ganas de abrir la tienda, haga frío, llueva o nieve. De hecho, me va tan bien y me encuentro tan a gusto con lo que hago que he decidido echarle todavía más valor y preparar un departamento con bolsos tejidos a mano y demás complementos también para adultos. Toda una prueba de superación y un triunfo gracias a las manualidades.

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