Entre aviones, pinceles y parkings: así es el día a día de un artista

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Me presento. Soy artista plástico, y aunque mi estudio está en Madrid, mi trabajo no conoce fronteras. Es lo que tiene y más ahora mismo en un mundo tan globalizado. Un día puedo estar en Berlín (Alemania) preparando una instalación para una galería, y a los dos días volar a Ciudad de México para una entrevista sobre mi última serie de obras. Esta es mi vida, yo la he elegido y no me arrepiento porque es con lo que soñé desde que era un crío, algo que heredé de mis padres.

Ahora mismo la maleta se ha vuelto una parte más de mi cuerpo, al igual que mi agenda, que ahora mismo está repleta de eventos, ferias, inauguraciones y encuentros con coleccionistas. Y no, no me quejo. ¡Estaría bueno! Es por lo que he luchado toda la vida como para ahora quejarme. Soy consciente de que mucha gente se queja del exceso de trabajo que tiene, pues mi recomendación para este tipo de comentarios siempre es la misma: Déjalo. Ellos se llevan las manos a la cabeza, pues oye, no preguntes. ¿Verdad?

Pues bien, seguimos con mi vida nómada, que la verdad es que tiene algo maravilloso. El poder crecer cada día que pasa, el poder absorber influencias culturales de otros páises y mostrar tu obra en escenarios diversos. Creo que para un artista, al igual que para otras muchas profesiones, el poder empaparte de otras culturas es fundamental, lo de abrir la mente tiene que estar presente en cada acción.

El día a día

Ahora bien, no por estar orgulloso de mi profesión, no quiere decir que no sea sacrificada. También tiene su cara más agotadora, especialmente cuando aterrizas de un vuelo del otro lado del charco y tu coche está a kilómetros, aparcado donde pudiste encontrar sitio la última vez.

Creo que he perdido más tiempo del que quisiera buscando estacionamiento, haciendo malabares con horarios de carga y descarga o luego recibiendo las temidas multas. No quiero hacer cuentas de tiempo y de dinero, por eso decidí tomar otro camino.

Tome una decisión que, aunque parece simple, me ha cambiado la logística del día a día, y que me gustaría compartir: contratar un parking exclusivo en pleno centro de Madrid. Pero es que Orbit Parking no es un parking cualquiera. Es diferente. Tiene vigilancia 24 horas, acceso flexible y hasta espacio para maniobrar con comodidad, lo cual, si alguna vez has tratado de meter una escultura en una plaza de aparcamiento estándar, sabes que es oro puro. Como ves, mis razones tengo.

Este parking se ha convertido en una especie de mi base de operaciones cuando estoy en la ciudad. Está cerca de algunas de las principales galerías, lo cual me permite moverme sin estrés entre reuniones y montajes. Además, sé que mi coche, que en muchas ocasiones va cargado con piezas frágiles o materiales caros, está seguro. La verdad que eso de dejarlo en la calle siempre me ha dado un poco de yuyu. Y más ahora que hay un aumento de los robos entre los artistas que me hacen temblar de miedo.

Lo mejor es que este pequeño gesto ha tenido un impacto enorme en mi rutina. Me ha devuelto tiempo y tranquilidad, dos cosas que para los que vivimos en constante movimiento son tan valiosas como el pigmento en un lienzo. Por eso, no creo que sea un gasto, ahora mismo es una inversión en muchos aspectos. Tanto de dinero como de tiempo, pero también de seguridad.

A veces, la clave para tener una vida intensa y creativa no está solo en lo grande, sino en los pequeños detalles logísticos que hacen que todo funcione. Y, en mi caso, tener este espacio fijo y fiable en el corazón de Madrid ha sido una de las decisiones más acertadas que he tomado últimamente. Y más ahora que lo de conducir por la capital se ha convertido en toda una quimera.

Y esta es mi vida que llevo como artista, una vida intensa, pero que he elegido yo y que me llena por todos los lados. No sé si alguna vez me voy a jubilar, porque soy de los que pienso que hay algunas profesiones que nunca lo pueden hacer, pero tengo claro que aprenderé a valorar el tiempo. Y ahora mismo lo puedo hacer, porque si hay algo que marea es lo de perderlo buscando aparcamiento, seguro que sabes de lo que estoy hablando.

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