La sociedad da un empujón a la artesanía

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Parece que la artesanía va poco a poco a poco, de nuevo, haciéndose un hueco en esta sociedad llena de tecnología e innovaciones que hasta ahora aparcaban el trabajo manual y artesanal en un rinconcito del mundo.

Conozco a varias personas que gracias a su talento, valentía, originalidad y, ¿por qué no?, unas gotas de suerte, han conseguido diferentes logros en lo que a este mundo se refiere.

Sin ir más lejos, un vecino tuvo que viajar no hace mucho a Inglaterra porque una empresa se había interesado por los muñecos que él promocionaba en su pequeña web que, por cierto, me habló de una empresa, Parkcar, que recoge tu vehículo en el aeropuerto de Madrid o en Atocha y te lo guarda hasta que vuelvas, evitando así el problema de los taxis o incómodos autobuses. Me pareció una gran idea y yo siempre valoro las buenas ideas.

El caso es que se han interesado por su trabajo. Otra conocida abrió hace año y medios una pequeña tienda de abalorios artesanos y ya va por la segunda y cientos de artistas promocionan su productos en Internet a la espera de un golpe de buena suerte o simplemente para conseguir algo de dinero extra en estos tiempos tan difíciles. ¿Y por qué no? ¡Apoyémosles! Sobre todo ahora que parece que la sociedad empieza a valorar mucho más aquello que está hecho con las manos, como antes, con cariño, con horas de trabajo, mucho más que aquello que hacen las máquina mediante piezas prefabricadas.

Que el avance es bueno, sí, pero no podemos perder con ello lo que es tradicional, lo que muestra nuestra cultura y nuestro talento, lo que hace único el broche que llevas sobre la camisa y lo que provoca una cara de asombro cuando explicas cómo está confeccionado.

No todo el mundo es capaz de crear con sus manos, de arreglar algo con sus manos, de reciclar con sus manos, pero hay ciertas personas que sí pueden y debemos apoyarles para que salgan adelante, pera que no se pierda esto que es algo sólo propio de la humanidad, algo que el resto de seres vivos no pueden hacer.

Y es que, por mucho que nos moleste pagar un poco más por el mismo objeto, seamos realistas, no es lo mismo unos pendientes hechos al por mayor en una fábrica que tiene máquinas que van uniendo piezas que unos pendientes artesanos, hechos a mano, y jamás lo será. Porque tienen algo especial, algo que los otros pendientes no tienen.

Al igual que no es lo mismo ver cómo una máquina repara cualquier cosa que ver a un buen profesional de mantenimiento repararlo, el trabajo no es el mismo y el acabado tampoco lo será jamás y no hablo de que no utilicen aquellas herramientas que necesitan, sino de que las utilicen sus manos.

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