Miguel Durán: «No soy invidente, soy ciego»

Miguel Durán

Miguel Durán Campos, nació en 1955 en Azuaga, un pequeño pueblo del sur de Badajoz a la sombra de Sierra Morena. Cuando él contaba con tan solo once años y sin saber leer ni tampoco escribir su familia se traslada a Sant Boi del Llobregat (Barcelona), pero su padre le envía a un colegio en Alicante donde obtiene la educación primaria en tan solo dos años. Tras esto, su vida se mueve a Madrid primero y a Hospitalet del Llobregat después, para finalizar el bachillerato con unas calificaciones destacadas en todos sus años de estudiante. En esos días ya sabe el destino hacia el que pretende orientar sus pasos, así que en 1975 se dirige hacia la Facultad Central de Barcelona y se matricula en Derecho. Tras finalizar satisfactoriamente sus estudios universitarios, forma, junto a otros cuatro compañeros de la facultad, un despacho de abogados en Barcelona y empieza a alcanzar importantes puestos directivos en organizaciones públicas y privadas, destacando cadenas de televisión y radio (Telecinco y Onda Cero, respectivamente) y, tras ciertos problemas judiciales relativos a irregularidades fiscales en sus empresas por los cuales fue imputado primero y absuelto finalmente, dedicó su tiempo a la política y a gestionar sus bufetes de abogados, especializados en Derecho Civil y Derecho Laboral entre Madrid y Barcelona.

Todo esto bien podría ser la historia de un niño cualquiera de la posguerra, que partiendo de un origen humilde supo sobreponerse, explotar su carácter y aptitudes y, gracias a ello y con algo de fortuna, lograr el éxito en su vida. Pero él contaba con otro reto que, al igual que un popular personaje de cómic americano que le inspiró durante su infancia, no le impidió alcanzar las metas que se propuso: Miguel Durán había nacido completamente ciego.

 

Juventud y formación

Sus primeros años los pasó protegido en un entorno rural, en el que acostumbró a desenvolverse prácticamente por sí mismo, por lo que nunca experimentó demasiados problemas para jugar y hacer vida social en la calle junto a otros niños a pesar de que la ceguera suponía un molesto inconveniente que, obviamente, no pasaba por alto. Con cuatro años fue evaluado en Barcelona por el eminente oftalmólogo Ignacio Barraquer, quien descartó a la familia Durán cualquier posible remedio médico para devolverle la vista a Miguel. Pese a continuar durante meses consultando a otros especialistas a lo largo de toda España, la respuesta fue siempre la misma. Asistía con regularidad a la escuela de su pueblo, pero debido a que el colegio no disponía de medios para invidentes ni los profesores poseían los conocimientos necesarios, no llegó a poder aprender a leer y a escribir hasta que su familia tomó la decisión de emigrar a Barcelona, escapando de la desolación que asolaba Extremadura por entonces. Se escolarizó en Sant Boi del Llobregat, donde entró en contacto con la ONCE y alcanzaría en poco tiempo, gracias a su tesón y su talento para el estudio, el nivel educativo que le correspondía. Años después era capaz incluso de asistir a clases para videntes en la Universidad de Barcelona, donde cursaría la licenciatura de Derecho. Debido a sus buenas notas y por ser el primer ciego en superar tales niveles de exigencia, excepcionales en aquella época, le fue entregado el Premio Nacional de Bachillerato.

Empezó a compaginar sus estudios con labores pedagógicas como profesor de braille. En el año 1975 comenzó la carrera de Derecho y, al tiempo que sufría el fallecimiento de su padre, se instruyó como gestor administrativo y se presentó para unas oposiciones organizadas por la ONCE para corrector de lenguaje braille. Consiguió la única plaza publicada en oferta y comenzó a trabajar en edición e imprenta.

Antes de comenzar su tercer curso universitario, Miguel Durán contrajo matrimonio con María del Sol Cruz, estudiante de segundo curso de Medicina. Ambos se mudaron a un piso que habían comprado gracias a un préstamo concedido por la ONCE a Durán.

 

Actuación en la ONCE y ejercicio empresarial

 Después de obtener su licenciatura como abogado, Miguel Durán procedió a poner en marcha un bufete con sede en Barcelona, dedicado principalmente de casos de derecho fiscal y matrimonial. Más tarde consiguió un cargo como delegado territorial para la ONCE en Cataluña. En esos tiempos, dicha organización era prácticamente desconocida a nivel financiero, sostenida por medio de la beneficencia y las cuotas de membresía. Con poco más de treinta años es nombrado para dirigir la organización desde Madrid. Ocupó su puesto como Director General hasta 1993, año en el que dimitiría a causa de los pleitos legales emprendidos contra su persona. Durante su etapa liderando la ONCE, renovó la gestión del sorteo del cupón y modernizó las infraestructuras de la entidad para hacer más accesible la incorporación a la vida laboral de las personas con discapacidades visuales. Todo esto, apoyado sobre una notable capacidad propagandística y de gestión surgida de su carisma y visión para los negocios, supuso que llegase a dirigir hasta tres poderosos conglomerados económicos: el llamado “imperio del cupón” que alcanzaba cuantiosos ingresos anuales, la Corporación Financiera de la ONCE y el holding Fundosa, formado por hasta sesenta y cuatro empresas que se ocupaban de ofrecer trabajo a los minusválidos. Por entonces, la ONCE llegó a contar con un personal de más de 30.000 invidentes. 

En 1990, se conceden licencias de televisión privada y la ONCE, bajo su mandato, se convierte en accionista de Telecinco. Se nombra a Miguel Durán como presidente de la cadena, compartiendo la dirección de ésta, con la de Director General de la ONCE y también como presidente de Onda Cero, ya que la cadena de radio se encontraba en esa época asociada a la organización. También hay que destacar su actividad en otras importantes inversiones en medios de comunicación, como en los periódicos Diario de Barcelona y en El Independiente y en la Agencia Servimedia. La labor como Presidente de Telecinco la realizará hasta 1996, cuando el Grupo Correo adquiere parte de las acciones de la cadena y es sustituido en el cargo. 

En este tiempo, Miguel Durán fue sometido a un trasplante de córnea en su ojo izquierdo, con la esperanza de que lograse recuperar cierta visión y pudiese captar algunas formas, brillos y colores. La operación se realizó en 1995 en el Instituto de Microcirugía Ocular de Barcelona y se consiguió que pudiese percibir algunas formas cercanas, colores y distinguiese objetos a contraluz.

 

Problemas judiciales y vida actual

En el año 1998, el juez Baltasar Garzón imputó a Miguel Durán varios cargos de delito fiscal y de apropiación indebida cuando se hallaba presidiendo Telecinco. La causa se origina en la investigación por parte de la Fiscalía Anticorrupción de una cesión irregular de acciones de socios de la cadena, valoradas en 6.000 millones de pesetas, que presuntamente había contado con la connivencia de Durán. Finalmente, la Sección Primera de lo Penal de la Audiencia Nacional absolvió a Durán y a los otros siete acusados de cualquier cargo penal. 

En los últimos años y tras superar dichas acusaciones legales, Durán pasaría a un segundo plano en el panorama público y mediático de España, aunque intentado involucrarse en política sin excesivo éxito, haciendo hincapié en su participación ajena a los partidos tradicionales. Llegó a presentarse en 2009 como cabeza de partido para el grupo de coalición Libertas-Ciudadanos de España para las elecciones de ese año al Parlamento Europeo, pero sin poder obtener escaños.

Actualmente Miguel Durán ha vuelto a ejercer como abogado en sus despachos de Madrid y Barcelona, ocasionalmente redacta columnas de opinión para algunas publicaciones en papel periódicos y aparece como colaborador en cadenas de radio y televisión vinculadas al grupo Intereconomía. La mayor y más destacable parte de sus últimos trabajos está relacionado con su desempeño como abogado de participaciones preferentes, a través del cual busca reparar legalmente el perjuicio ocasionado por las entidades bancarias a los pequeños ahorradores, estafados mediante la inversión en productos financieros complejos y fraudulentos. El hecho de haber aceptado la defensa de Pablo Crespo, ex secretario de organización del Partido Popular gallego y considerado número dos de la trama Gürtel, ha propiciado además que Durán regrese a las portadas de los medios de comunicación nacionales.

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