No es magia, es trabajo

No es magia, es trabajo

Ser creativo no significa coger una idea loca, llevarla a cabo sin ningún sentido y pretender que tenga éxito. Para poder construir algo hay que tener planos y da lo mismo que hablemos de la composición de un cuadro, que de una escultura que de un edificio, y quien piense lo contrario está muy equivocado.

Estoy cansada de escuchar hablar a artistas en diferentes entrevistas diciendo que crean sus obras por inspiración divina y eso no es así. Obviamente hay un gran componente de creatividad y personalidad en todo lo que creamos pero para que sea simétrico, para que tenga todo lo que queremos que tenga y represente aquello que pretendemos, todo tiene que estar pensado al milímetro. Por eso hay mucho trabajo detrás de cada obra, no por el tiempo que se tarda en crearla sino por el tiempo que empleamos en planificarla.

El ejemplo perfecto

Hace unas semanas conocí a una decoradora de fiestas y eventos que hacía magia con sus manos. David Tutera parecía un aficionado a su lado. Era magnífica y lo tenía todo pensado. Cuando llegó el camión de las sillas y empezaron a bajarlas me di cuenta enseguida de que no eran las típicas sillas de eventos así que le pregunté directamente. Me dijo que ese tipo de sillas quedaban demasiado simples en un evento como los que ella preparaba, así que prefería comprar sillas de diseño en Sillas Valls, antes que alquilárselas a cualquier empresa. ¿Sabéis al dineral que se debe gastar entonces en cada fiesta? “¿Y qué haces con ellas después?”, le pregunté, “Las dono a diversas asociaciones”. Impresionante.

Cuando llegó el camión con las letras gigantes de Rótulos de Corcho y vi bajar los nombres de mi prima y su novio (próximo marido) con un 1,80 de largo pensé “¿Pero dónde piensan poner eso?” y ella ya lo sabía. Se acercó tranquilamente al camión, dio unas indicaciones a los chicos y en cuestión de minutos las tenía colocadas en medio del césped y decoradas con un montón de luces.

No se separaba de su carpeta, con un montón de papeles, todo pensado y planeado, no había nada dejado al azar, nada. Yo me sentía como una inútil, ahí en medio, con las tres sorpresas que quería dejarle a mi prima escondidas sin saber muy bien dónde y ella ahí, con todo pensado. Pero eso es ser un verdadero profesional, y una artista, porque aquel jardín parecía sacado de un cuadro cuando terminó. Todo estaba en su lugar, ni más a la derecha ni más a la izquierda, simplemente perfecto.

Tanta organización es lo que me llevó a pensar en mí, en cuando planeo un cuadro, en cómo pienso en lo que quiero pintar y divido el cuadro en el boceto intentando que todo quede simétricamente perfecto. Primero pienso la escena global que quiero conseguir y luego me fijo en los detalles, empiezo con el fondo, luego lo que quiero añadir en primer plano y en el conjunto global. Luego organizo los colores, lo que debe destacar, lo que irá oscuro, lo que resaltará por encima del resto y lo que debe pasar desapercibido y sólo cuando tengo todo montado en mi cabeza y un par de bocetos preparados es cuando empiezo a pintar. Puedo llegar a pasarme casi un mes ideando el cuadro y tan sólo un par de semanas pintándolo si no es muy grande así que… ¿dónde gasto más tiempo al final?

Aquellos que aseguran que todo sale mágicamente de sus dedos mienten y, el problema, es que las personas que les creen se sienten pequeñas, insignificantes, porque se ven incapaces de hacer algo así. Deberían decir la verdad. Es como el que saca un 10 en el examen y dice que casi no estudió pero se pasó dos meses sin levantar la cabeza del libro. A esa gente es mejor no escucharla porque todos sabemos lo mucho que cuesta sacar un 10 y lo mucho que cuesta hacer una obra perfecta ¿o no?